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Autor: VÍCTOR ÚCAR.

Fuente: El Mundo, 15/04/2015.

La noche del 14 de abril de 1865, Lincoln acudió a la representación Nuestro primo americano en el Teatro Ford de Washington acompañado por su esposa, el comandante Rathbone y su novia Clara Harris. De forma paralela, alguien había tramado aproximarse al palco presidencial para ejecutar una conspiración contra el hombre que había abolido la esclavitud. Su nombre John Wilkes Booth, un actor simpatizante de la causa confederada que pasaría a la Historia por llevar a cabo el asesinato de Abraham Lincoln. Durante los días que siguieron al magnicidio, Booth se convirtió en el hombre más buscado de Norteamérica.

Los hechos de una noche fatídica

Son muchas las incógnitas que todavía existen sobre lo que ocurrió ese 14 de abril de 1865. Mucho se ha escrito y con discursos variados. Uno de los relatos que más éxito ha tenido en la sociedad estadounidense lo escribieron el periodista y popular presentador de la Fox Bill O’Reilly y el historiador Martin Dugard: Matar a Lincoln, una obra que después el canal de televisión National Geographic adaptó en un documental televisivo a cargo de Ridley Scott.

La función estaba a punto de concluir, pero con un final que solo Booth y los conspiradores conocían

Según el relato de O’Reilly, en el momento del suceso, el escolta del presidente se encontraba en el bar, en lugar de estar protegiendo el acceso al palco presidencial. Tan solo un botones de la Casa Blanca -no armado- montaba guardia en la puerta. Booth entregó su tarjeta de visita y cruzó el umbral sin que nadie le hiciese ninguna pregunta.

La función teatral estaba a punto de terminar, pero con un final que solo Booth y los conspiradores esperaban. Tenían todo bajo su control. Conocían el Teatro Ford a la perfección, y habían comprobado todas las salidas, siguiendo un plan que les permitirá escapar tras ejecutar su misión. El reloj marcaba ya las 22:15. Había llegado la hora. Solo faltaba que el personaje de Harry Hawk, Asa Trenchard, pronunciase su frase “vieja busca-maridos”. En ese instante todo habría acabado.

Booth sacó entonces, según O’Reilly, una Deringer cargada del bolsillo del abrigo, la empuñó con la mano derecha y con la izquierda desenfundó un largo y afilado cuchillo. Respiró hondo y abrió la puerta con la mano que sujetaba el cuchillo. Nadie sabía que estaba allí. “Vieja busca-maridos”, se escuchó en el teatro. La frase hizo que el público comenzara a reírse a carcajadas. En ese instante, mientras Lincoln se inclinaba hacia adelante y miraba a la izquierda de la audiencia, una bala se introducía en su cráneo, provocando que el cuerpo del presidente se derrumbara hacia delante en su mecedora.

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