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Conferencia de Potsdam, Alemania (1945)

Conferencia de Potsdam, Alemania (1945)

Autora: LIDIA GÓMEZ

Fuente: Diario El Mundo, 23/02/2015

Esto no es nuevo, en 2013 el anterior primer ministro griego, Antonis Samaras, propuso recuperar el dinero y mandó elaborar un informe filtrado a los medios en primavera que afirmaba que Grecia podría exigir a Alemania 162.000 millones de euros. La resolución de este delicado asunto no parece tan sencilla.

Tras la II Guerra Mundial eran muchas las incógnitas aún por resolver respecto al futuro de los países implicados en el conflicto. El asunto de las reparaciones era un tema candente que en Yalta únicamente fue abordado de manera superficial, pese a que los rusos demandaban su derecho a recibirlas para subsanar los problemas derivados de la destrucción de muchas áreas del país y rehacer su economía y defendían que los alemanes debían pagar 20.000 millones de dólares en concepto de reparaciones. 10.000 de esos millones deberían ser exclusivamente para la Unión Soviética.

La realidad es que no se acordaron muchas cosas en firme y los términos de las negociaciones variaron enormemente de Yalta a Potsdam. La conferencia de Potsdam fue especialmente importante por un motivo: fue allí donde se hizo firme la decisión de dividir el territorio en zonas de ocupación. Pero hay otro segundo aspecto destacado: la actitud de los dirigentes norteamericanos había cambiado de manera radical.

La destrucción de la II Guerra Mundial fue tal que se decidió adoptar medidas pragmáticas que aseguraran la paz

La destrucción de la II Guerra Mundial fue tal que se decidió adoptar medidas pragmáticas que aseguraran la paz

Asimismo, existían otros factores a tener en cuenta, el Tratado de Versalles (1919) era todavía un recordatorio demasiado reciente del ansia de “revanchismo” que las demandas e imposiciones imposibles podía despertar en los países derrotados. La destrucción había sido tan feroz que parecía evidente la necesidad de cierto pragmatismo a la hora de tomar decisiones para el futuro.

Stimson, secretario de guerra estadounidense, estaba convencido de que la recuperación de Europa no sería posible sin que Alemania volviera a disponer de su capacidad económica y así se lo hizo saber al presidente Truman. De esa idea se derivaban muchas conclusiones: no podían arrebatar las zonas industriales del país ni asfixiarla completamente con reparaciones a las que no podría enfrentarse.

Tal y como expresó el historiador Josep Fontana en Por el bien del imperio, “había que alimentar a la vaca, aunque se la mantuviese flaca y sin cuernos (…), británicos y norteamericanos no estaban dispuestos a que otros ordeñasen la vaca que ellos tendrían que alimentar“. De ese modo, también se les estaba negando a los rusos la posibilidad de reconstruir un país destruido por los estragos de la II Guerra Mundial.

Para muchos, los acuerdos políticos alcanzados en Potsdam no fueron de gran calado ni culminaron en acciones eficaces: se organizó un “Consejo de ministros de Asuntos Exteriores de las cinco grandes potencias” cuya misión era encargarse de preparar los acuerdos de paz.

Los acuerdos políticos alcanzados en Potsdam no fueron de gran calado ni culminaron en acciones eficaces

Durante ese mismo año, 1945, la situación de Grecia también continuaba siendo extrema, no sólo por las consecuencias de las atrocidades cometidas durante la ocupación nazi del territorio heleno sino porque pronto alcanzarían su punto álgido las tensiones que conducirían al país a una guerra civil.

En palabras de Fontana, “Grecia era para los británicos, y para su proyecto de seguir controlando el Mediterráneo, y con él la ruta hacia Oriente por Suez, algo parecido a lo que Polonia representaba para los soviéticos. Los británicos llegaron a Grecia como a un territorio conquistado. Las manifestaciones izquierdistas fueron suprimidas. A finales de 1945 dio comienzo una guerra civil en Grecia”. Y si bien los comunistas griegos pidieron ayuda a Rusia, la respuesta fue un no rotundo: Polonia era un bocado demasiado tentador como para arriesgarse a quedarse sin él.

El Acuerdo de Londres: ¿concesión o equilibrio?

Casi ocho años más tarde, en 1953, con una Europa todavía convaleciente, tenía lugar un acontecimiento de interés histórico: el 27 de febrero se produjo la firma del Acuerdo de Londres sobre la deuda alemana, episodio clave en lo referente a la negociación para la regulación de las deudas de Alemania. 25 países acreedores dieron el sí a este acuerdo que constituyó una de las negociaciones más espinosas que se recuerdan en lo referente a deuda externa. Entre otras cosas, Alemania consiguió una notable reducción en las tasas de interés, que no deberían superar el 5% y términos muy beneficiosos.

En opinión de Jürgen Kaiser, coordinador político de la plataforma alemana “Erlassjahr.de” (Año de la condonación), que desde hace más de una década trabaja para lograr unas condiciones más justas para los países endeudados, “después de la II Guerra Mundial no hubo reparaciones formales, al estilo de las estipuladas en Versalles en 1919. Sin embargo, debemos tener en cuenta que una parte sustancial de la industria alemana fue desmantelada, para que los aliados dispusieran de ella en sus respectivas zonas”.

Además, no considera que existiera un modo de proceder uniforme en aquella Alemania dividida tras la partición del territorio, “fue más intento en la zona Este de Alemania que en la Oeste. Alemania del Este aceptó voluntariamente ofrecer una compensación por los daños, por decirlo de algún modo, a algunos de los países afectados y al recién fundado estado de Israel. Algunos de los países ocupados, sin embargo, no recibieron nada en absoluto. Alemania del Este también intentó que esos pagos pudieran suponer en el futuro lazos con aliados potenciales”.

Jürgen Kaiser:

Algunos de los países ocupados no recibieron nada

Sin lugar a dudas, la regulación de la deuda constituyó un factor vital, especialmente para la reconstrucción de la República Federal Alemana (RFA). No debe olvidarse que la RFA, como territorio fronterizo con regímenes de ideología comunista, constituía un punto estratégico que convenía fortalecer a nivel económico y político. De ello dependía, en cierto modo, la estabilidad de un tablero de juego enormemente frágil durante la Guerra Fría. Pero no todo resultó ser equilibrio o estrategia: había muchos más factores en juego.

Para algunos, el acuerdo fue un triunfo del pragmatismo frente a las decisiones que habrían podido provocar inestabilidad y servir como caldo de cultivo para los extremismos. Otros no consideran que su utilidad fuera tal. Jürgen Kaiser opina que “en lo referente a las reparaciones, el Acuerdo de Londres de 1953 únicamente pospuso el asunto de la reparación hasta que se consumara un acuerdo de paz, el cual no se alcanzó verdaderamente hasta que se firmó el Tratado 2+4 en 1990, entre la Alemania del Este y la del Oeste y los poderes aliados”.

Y recalca que “Alemania consiguió hacer que los estados miembros del OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa), incluyendo a Grecia, aceptaran los términos del Tratado 2+4, el cual permitía a Alemania pedir algo así como un punto y final respecto al tema de las reparaciones de guerra. Los préstamos que los nazis exigieron para financiar la ocupación eran préstamos «normales», que deberían haber pervivido tras la caída del nazismo. Sin embargo, la idea de querer equiparar y trasladar los viejos Reichsmark a euros puede ser complicada”.

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