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Fuente: El Mundo, 5/02/2015.

Autor: FRANCISCO HERRANZ. Este artículo de Francisco Herranz fue publicado en el número 192 de La aventura de la historia

 

Como dijo Kant “la guerra es nefanda, porque hace más hombres malos que los que mata”. Este adagio es perfectamente aplicable a los protagonistas, anónimos o no, del conflicto armado que se está desarrollando en el este de Ucrania entre las tropas regulares ucranianas y las milicias prorrusas secesionistas establecidas en Donetsk y Luhansk.

Una de las causas más evidentes de esta guerra es la propia historia contemporánea de Ucrania, un territorio buffer encajonado entre distintos imperios europeos -Austria-Hungría, Rusia, Alemania, la Unión Soviética- que ha ido pasando de mano en mano de unos y otros a lo largo de los años, fruto de guerras, alianzas contra natura y acuerdos de paz.

Pueden observarse paralelismos entre los acontecimientos actuales y el período de 1917 a 1922.

Examinando el tumultuoso periodo que se extiende desde 1917 hasta 1922, podemos entender un poco mejor sus antecedentes históricos e incluso apreciar curiosos paralelismos con los acontecimientos actuales.

Cuando arranca la nueva centuria, la región oriental de la actual Ucrania forma parte del Imperio Ruso, mientras que una gran parte de la Galitzia -el territorio occidental de la moderna Ucrania, cuya capital se asienta en Lviv (en ucraniano) Lvov (en ruso), Lwów (en polaco) y Lemberg (en alemán)- pertenece a los austro-húngaros, quienes a su vez la habían ‘heredado’ de los polacos en el XVIII. El reino de Galitzia y Lodomeria, cuyos límites ahora se reparten, además de Ucrania, también Polonia y Rumanía, ya había disfrutado de cierto grado de autonomía en relación con el Gobierno de Viena.

Con la I Guerra Mundial como violento telón de fondo y espoleados por la Revolución de Febrero de 1917 en Rusia, que supone la abdicación de Nicolás II, los ucranianos de Kiev exigen de Petrogrado más independencia, y en marzo de ese año constituyen la Tseltralnaya Rada (Rada o Parlamento Central), una cámara legislativa ucraniana controlada por grupos socialistas. Mientras paralelamente se liquidan los órganos del poder zarista y se forma el embrión del Ejército nacional ucraniano, la Rada Central da algunos pasos normativos fundamentales.

La Tercera Proclama Universal constituye la República Popular de Ucrania.

Así, la Primera Proclama Universal (del 23 de junio de 1917) establece la autonomía de Ucrania dentro de Rusia. Pero en Petrogrado se desata un golpe de Estado: es la Revolución de Octubre.

Los bolcheviques toman el poder en algunas ciudades ucranianas del frente y comienza una guerra civil entre los simpatizantes del poder soviético y los partidarios del gobierno provisional ruso.

Al principio la Rada Central se declara neutral, pero pronto opta por desempeñar un papel mucho más activo y consigue mantener bajo su control a la mayoría de las regiones de Ucrania. En línea con la creación de un Estado propio, la Rada establece el 20 de noviembre de 1917 la Tercera Proclama Universal, que crea la República Popular de Ucrania, aún sin romper los lazos federativos con Rusia.

También se establecen una serie de principios democráticos como la libertad de expresión, prensa, credo, reunión, asociación y huelga; se deroga la pena de muerte y la propiedad privada de la tierra que pasa a ser nacionalizada; se decreta una jornada laboral de ocho horas diarias. Dentro de su territorio se configuran nueve gubernias, sin incluir la península de Crimea.

“Agresión” bolchevique

Después de que los bolcheviques apoyaran militarmente a sus camaradas ucranianos y crearan una república ucraniana rival con sede en la ciudad oriental de Jarkov (Jarkiv en ucraniano), los diputados de Kiev declaran, con fecha del 22 de enero de 1918, la independencia y la soberanía de la República Popular de Ucrania, rompen sus vínculos con Rusia, condenan la “agresión” bolchevique, movilizan sus tropas y dan al poder ejecutivo poderes para iniciar negociaciones de paz “completamente independientes” con Alemania y sus aliados.

Los uniformados adeptos al parlamento ucraniano tienen muy poca potencia de choque frente al empuje de las tropas del gobierno de Jarkiv, que cuenta con hombres y pertrechos procedentes de la Rusia soviética. Ceden terreno en Poltava y las actuales Zaporizhia y Dniepropetrovsk. El 9 de febrero de 1918 los Guardias Rojos entran en las calles de Kiev y la Rada Central tiene que ser evacuada a Zhytomyr.

Conscientes de la inminente derrota, la Rada busca desesperadamente una tregua con Alemania e incluso negocia una alianza que es aceptada por Berlín en el Primer Tratado de Brest-Litovsk, firmado el 9 de febrero de 1918. Armisticio, a cambio de suministros expropiados a los campesinos.

En 1918 los diputados de Kiev rompen sus vínculos con Rusia e intentan negociar la paz con Alemania.

Las tropas germanas y austro-húngaras atacan a los bolcheviques y recuperan Kiev el 1 de marzo. Dos días después, Lenin suscribe el Tratado de Brest-Litovsk que pone fin a las hostilidades en el Frente Oriental y deja a Ucrania bajo control alemán.

Mientras las regiones orientales siguen viviendo disturbios, el ex general zarista de orientación conservadora Pavlo Skoropadsky lidera el 29 de abril un golpe de Estado contra la Rada que es apoyado por los alemanes ocupantes. Skoropadsky proclama el llamado Atamanato y recorta libertades y derechos hasta entonces promulgados.

La aventura dura hasta noviembre cuando Alemania sucumbe derrotada en el Frente Occidental, lo que implica su repliegue de Kiev. Eso desencadena la caída en desgracia de Skoropadsky -quien solía vestir como un cosaco- y el triunfo de un Directorio de corte socialista, que restablece la República Popular de Ucrania. Pero Lenin entonces anula el Tratado de Brest-Litovsk e invade de nuevo Ucrania.

El desmoronamiento de Alemania tiene efectos casi inmediatos en la provincia austro-húngara de Galitzia, habitada mayoritariamente por ucranianos y polacos. Los primeros proclaman la República Popular de Ucrania Occidental en la Galitzia oriental y sueñan con unirse a la República Popular de Ucrania; los segundos, sin embargo, muestran su lealtad a la recién creada República de Polonia.

Las dos entidades ucranianas firman la llamada Acta de Unión el 22 de enero de 1919, una decisión casi simbólica pues a ambos territorios sólo les une en realidad el idioma y las tradiciones: se rigen por normativas distintas, tienen gobiernos y ejércitos diferentes y combaten a enemigos separados.

Estériles guerrillas

A principios de 1919, los bolcheviques lanzan una nueva y potente ofensiva en el este y el centro del país. Kiev vuelve a caer en manos del Ejército Rojo en febrero, donde se restaura la República Socialista Soviética de Ucrania ya en marzo.

Viéndose perdido, el Directorio ucraniano se vuelve hacia sus antiguos adversarios, esta vez los polacos, con quienes firman en 1920 un acuerdo militar para atacar de forma conjunta a las fuerzas soviéticas. Así, logran recuperar Kiev en la abril de ese año.

Entre el 12 y el 25 de agosto se produce la batalla de Varsovia, decisiva en la guerra ruso-polaca, pues los soviéticos sufren a las puertas de la ciudad un aparatosa derrota que aseguraría la independencia de Polonia y delimitaría sus fronteras en el periodo de entreguerras.

A principios de 1919, los bolcheviques lanzan una nueva y potente ofensiva en el este y centro del país.

 

Finalmente, los bolcheviques piden una tregua a los polacos gracias a un cúmulo de circunstancias: la terrible crisis económica interna que padece Rusia, las derrotas en el campo de batalla y, sobre todo, el ataque lanzado en Ucrania por las tropas blancas que aún luchan en la guerra civil rusa.

El 18 de marzo de 1921 Polonia rubrica el Tratado de Paz de Riga con la Rusia y la Ucrania soviéticas, obteniendo amplias zonas nuevas en la actual Bielorrusia. Por otro lado, eso deja a los pies de los caballos a la República Popular de Ucrania. Víctima del destino, derrotado y traicionado, el Directorio se lanza a una guerra de guerrillas estéril hasta que sus últimas unidades son destruidas en noviembre.

De esa manera concluye la breve pero intensa etapa de independentismo ucraniano que sólo resurgirá 70 años después, con los mismos signos de identidad de antaño (bandera y escudo), a raíz del colapso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas fundada en 1922.

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