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Alfonso Sanz y Martínez de Arrizala no nació rey aquel 28 de enero de 1880 a pesar de ser el primogénito de Alfonso XII. Otro Alfonso, hijo de María Cristina de Habsburgo, nacido cinco años después que él, le hurtaría el maldito número XIII para suceder a su padre. Así, el abuelo de Don Juan Carlos, Alfonso XIII, habría saltado la línea natural de descendencia sobre su supuesto hermano ilegítimo, fruto del romance de su padre, Alfonso XII, con la cantante de ópera Elena Sanz.

No sería el único hijo que Alfonso XII tuvo fuera del matrimonio. Luego nacerían Fernando Sanz y Martínez de Arrizala (1881-1922), también hijo de la cantante de ópera, y Mercedes Basáñez (1885-1941), hija de la esposa de un diplomático uruguayo en España… Los tres, Fernando, Alfonso y Mercedes, son ilegítimos, supuestos hermanastros de Alfonso XIII, quien también tendría después su propia prole de infantes invisibles.

Alfonso XIII habría tenido dos hijos bastardos, Leandro de Borbón (1929) y a Mª Teresa Ruiz Moragas (1925-1965)

Éste compartió con su padre la pasión por las divas de la escena, como Celia Gámez, con quien se le relacionó. Así, con la actriz Carmen Ruiz Moragas, Alfonso XIII tuvo a Leandro de Borbón (1929), y a María Teresa Ruiz Moragas (1925-1965). En la lista de ilegítimos de Alfonso XIII hay un tercer nombre, Juana Alfonsa de Milán (1916-2005), quien habría sido fruto de los devaneos con su institutriz Beatrice Noon…

Bastardos y más bastardos apartados de la Corte, según el estudio de José María Zavala, Bastardos y Borbones. Los hijos desconocidos de la dinastía (Plaza y Janés, 2011), donde se revela la compleja red de hijos ilegítimos que los Borbones han traído al mundo desde los tiempos de Carlos IV hasta muy entrado el siglo XX.

Una línea dinástica retorcida

Como a su abuelo y a su bisabuelo, la sombra de los ilegítimos no ha perdonado tampoco al rey Juan Carlos, quien se enfrenta ahora a la demanda paternidad planteada por por la ciudadana belga Ingrid Sartiau Jiménez, admitida a trámite por el Pleno de la Sala Civil del Tribunal Supremo que ha rechazado en cambio tramitar la planteada por el catalán Alberto Solá Jiménez .

La pasión y sensualidad de la dinastía de los borbones, abocada a las relaciones extraconyugales, habrían creado una auténtica legión de ilegítimos. De hecho, Alfonso Sanz, podría haber compartido condición nada menos que con su mismo padre, Alfonso XII, de quien los historiadores dudan que fuera hijo del rey consorte y esposo de Isabel II, Francisco de Asís.

Pero no siempre han sido ellos los responsables del nacimiento de un ilegítimo. María Luisa de Parma, María Cristina de dos Sicilias e Isabel II, bisabuela, abuela y madre de Alfonso XII respectivamente, compartieron lecho las tres con guardias de Corps y oficiales cercanos a la corte. Manuel Godoy, Agustín Fernando Muñoz y Enrique Puigmoltó son algunos de los reconocidos amantes de cada una de ellas. Más peliagudo es el documento que el periodista José María Zavala desveló en su libro: una confesión de María Luisa de Parma al fraile Juan de Almaraz, según la cual ninguno de los hijos serían del legítimo rey Carlos IV, que pareció demostrar más devoción por el amante de su mujer, Manuel Godoy, que su propia esposa.

Manuel Godoy, por Francisco de Goya.

De ser ciertas las revelaciones de Almaraz, toda la descendencia posterior sería ilegítima, y por tanto la dinastía de los Borbones se habría interrumpido antes de Fernando VII. Al margen de la validez de la confesión de la esposa de Carlos IV, parece que las reinas borbonas siguieron compartiendo lecho con los apuestos oficiales de la corte. Es el caso de la legítima Isabel II, que heredó de su abuela paterna la pasión por los hombres, acrecentada, además, por el mutuo desprecio que se tenía con su esposo Francisco de Asís.

Las infidelidades de las reinas

De esta forma, mientras las infidelidades de las reinas dejaban a los bastardos dentro de la corte, en descargo de los cornudos monarcas, por el contrario, los hijos ilegítimos de los reyes quedaban fuera de la misma. De ser verdaderas todas las suposiciones de Zavala -quien aporta testimonios, cartas y documentos para cada uno de los ilegítimos- habría una lista de reyes e infantes que no debieron ser y fueron: Fernando VII, Alfonso XII, además de las infantas hijas de Isabel II, Isabel, Pilar, Paz y Eulalia.

Sólo a Leandro se le acreditó el apellido Borbón en 2003

De monarcas que no fueron pero quizás debieron ser: Alfonso Sanz y Martínez de Arrizala, hijo de Alfonso XII y Elena Sanz. Y de infantes que nunca fueron reconocidos como tales: los hijos ilegítimos de Alfonso XII y XIII: Mercedes Basáñez, Juana Alfonsa de Milán, Leandro de Borbón y María Teresa Ruiz de Moragas. Los amantes de Isabel II, de su hijo Alfonso XII, y de su nieto Alfonso XIII, habrían retorcido una y otra vez el árbol genealógico de la familia Real. De todas las supuestas infidelidades de los monarcas, sólo Leandro de Borbón, el hijo de Alfonso XIII y la actriz Carmen Ruiz Moragas, consiguió en los tribunales, en 2003, que se le acreditara el apellido de la familia Real, aunque nunca el tratamiento y los derechos que se derivarían de su condición de infante.

Dudas históricas

En el caso de Isabel II, existe cierto consenso entre los historiadores sobre la paternidad de los hijos de la reina, que rara vez se achacan al legítimo rey, Francisco de Asís, aunque no hay pruebas concluyentes de ello. Por su parte, Alfonso XII, que murió antes de que su sucesor Alfonso XIII naciera, tampoco llegó reconocer a ninguno de sus supuestos ilegítimos. Aunque infinidad de testimonios dan buena cuenta de su fama de libertino, juerguista y seductor, y fueran de sobra conocidos sus romances, nunca se probó su paternidad.

A falta de modernas pruebas de ADN, los hijos de la Sanz intentaron dicho reconocimiento después de que unas comprometedoras cartas que escribió el rey a su amante, en las que llegaba a preguntar por «los nenes», obligaran a la regente María Cristina y segunda esposa de Alfonso XII a garantizarles una cantidad de dinero a cambio de evitar el escándalo. En 1908, Alfonso Sanz y Martínez de Arrizala retomó la demanda, pero perdieron en los tribunales al considerar el juez, en una sentencia dictada el 1 de julio de ese año, que «un monarca no estaba sujeto al Derecho Común», es decir que a un rey no se le podían reconocer hijos fuera del matrimonio.

Es posible que la sangre azul de los borbones se haya teñido de otros colores a lo largo de la Historia, pero no ha pasado lo mismo con el apellido, que ha permanecido prácticamente incólume. El árbol no admite más ramas que las del matrimonio legal.

Fuente: Diario El Mundo, 14/01/2015.

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