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La Guerra Civil rusa siguió a la Revolución de Octubre gracias a la cual, por primera vez en la Historia, se había instalado en el poder de un país un gobierno comunista, aunque en esa época se conocía a los protagonistas de la Revolución como bolcheviques. La guerra transcurrió entre 1918 y 1921 y se desplegó en diversos frentes, estallando cuando aún no se había terminado la participación rusa en la Gran Guerra ni se había firmado el Tratado de Brest-Litovsk. Se dio la circunstancia de que la Guerra Civil fue un conflicto en el que se dieron numerosas injerencias de países extranjeros contrarios al triunfo del comunismo.

En Siberia se constituyó un gobierno en Omsk que organizó un Ejército Blanco, dirigido por Kolchak. Este ejército fue apoyado por una legión checa formada por prisioneros de guerra liberados. Consiguieron hacerse con el control de importantes sectores del ferrocarril transiberiano y marchó hacia el Oeste.

En el Sudeste se concentraron parte de los cosacos. En el Sudoeste, por su parte, se formó un Ejército Blanco al mando de Denikin. Desde Ucrania avanzaron hacia el centro de Rusia. En Irak se encontraba el ejército británico, muy interesado en controlar los yacimientos petrolíferos de Baku.

Desde el Norte, una fuerza multinacional, al mando del general Miller, compuesta por británicos, estadounidenses, canadienses y franceses, desembarcó en Murmansk y ocupó Arcángel.

Por fin, en el Oeste, se desencadenaron ataques de fuerzas de las distintas nacionalidades que en el pasado habían pertenecido al Imperio Ruso: Finlandia, Estonia, Lituania, Letonia y Polonia.

Esta situación parecía que iba a desbordar al Ejército Rojo, creado por Trotski. Eran muchos frentes y se tomó la decisión de liberarse del frente oeste. Para ello se pactó la independencia de estos Estados. En el caso polaco y finés, ya Estados independientes, lo que se acordó fue la ampliación de sus fronteras. Esta decisión mejoró la situación del Ejército Rojo. Otra circunstancia permitió que aún mejorase más. El Ejército Blanco se negó a negociar la paz, lo que hizo que sus aliados occidentales se retiraran del conflicto en 1919. Además, en el seno de los blancos imperaba la desunión y cundía la disciplina.  Por otro lado, en las zonas que controlaban reinaba un evidente descontento social protagonizado por los campesinos porque las autoridades blancas se negaron a emprender reformas agrarias. Todos estos factores son claves para entender la victoria del Ejército Rojo, sin olvidar la férrea disciplina de esta fuerza armada gracias a la figura de los comisarios políticos y a una buena organización, fruto del trabajo de Trotski. Además, el campesinado apoyaba al Ejército Rojo y las nuevas autoridades no escatimaron el empleo del terror como medio para imponer su autoridad. En 1921 la situación era claramente favorable a los bolcheviques y la guerra terminó, pero el país estaba arruinado.

La guerra fue aprovechada para reforzar el autoritarismo bolchevique ante el evidente peligro para la existencia del nuevo régimen. Se suprimió todo tipo de oposición: eseritas de izquierda y mencheviques. En 1918 se aprobó un decreto que creaba tribunales especiales contra los delitos de prensa. Cualquier crítica era considerada un acto contrarrevolucionario y, por lo tanto, sus autores severamente castigados.

En lo económico se implantó el comunismo de guerra, que establecía la obligación de todos los campesinos de entregar un alto porcentaje de sus cosechas.

Fuente: Blog”Los ojos de Hipatia“.

Autor: Eduardo Montagut Contreras. Doctor en Historia Moderna y Contemporánea.

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